De aquí para allá, un disco confeccionado a base de muchos momentos musicales que se han ido entrelazando los unos con los otros, no fue un proyecto iniciado conscientemente. En un princípio no existía la más mínima relación entre cada uno de ellos, pero misteriosamente de algún modo extrañísimo estos se iban acoplando –casi fundiendo- ante mi absoluta sorpresa. Era como un rompecabezas que se iba recomponiendo por si sólo Entre todo aquello que iba sucediéndose, sólo una certeza de cuando comenzó a tomar cuerpo consciente: cualquier nota pensando en pasado, presente o futuro, de aquella música estaría dedicada a mis nenas, y por ello el componente emocional se convirtió quizás en el mejor de los pegamentos. Lo que en un princípio era una humilde anarquía se transformó en poco tiempo en sólido y coherente cuerpo.

Este es un disco de pasajes, no de temas, pero cada fragmento puede considerarse si se quiere y sin problema individualmente. Ahora bien: es una historia, ordenada en el tiempo, y cada uno viene de y deviene en, así que la lectura ordenada favorece la comprensión del mensaje en un contexto lógico. En realidad dos son los temas: parte A y parte B. He indicado que ordenada temporalmente: así pués es narrado en un órden cronológico. Fácilmente se entiende que la parte A se adjudica así a mi hija mayor, y la B a la pequeña.

Como en todas las cosas de la vida, hay una excepción: Obertura, el tema-pasaje que da comienzo a esta suite de sensaciones, aparece circunscrito a la parte A, cuando en realidad se trata de una introducción, una apertura de telón a modo de presentación. Así pues, consideremos este fragmento ligado idénticamente a ambas partes.

Aunque “Obertura” aparece al comienzo (como es normal) es una pieza del puzzle creada cuando ya el trabajo se encontraba avanzado quizas a un tercio o a mitad del mismo. Pero encontró su lugar inmediatamente y sin dudas. En realidad, casi todos los temas-pasaje fueron construidos a partir de otros trozos más pequeños y afortunadas combinaciones (a entendimiento del autor), como un robot que recupera sus piezas y estas a su vez ensamblan sus componentes, pero en este caso, para Obertura ritmo y punteo fueron un dos en uno practicamente de estructura íntegra desde el comienzo de la inspiración. Quiero decir que el acoplamiento fue a la par de natural, casi inmediato. Una pieza de un tiro.

Distinta consideración tiene el tema que le sigue “Emociones”. Aqui el ensamble es múltiple en temática y momento creativo. Y tanto: he aquí como una inspiración de ¡tres décadas antes!, a la que apodo cariñosamente “la montaña” encontró su acomodo natural y preciso. Poco me he tenido que romper la cabeza en montar mi obra, simplemente he creado y los frutos automáticamente se han recogido solos. Así da gusto.

“La montaña” hace referencia a unos determinados compases que conforman una especie de seña de identidad o hiper-resúmen de esta obra, como una rúbrica. Partiendo de un ritmo normal llegamos finalmente a dicho instante con un aumento exponencial de tiempo y volúmen. Es como una espita que termina por reventar sacando al exterior todo lo que estaba en su interior comprimido.

Un ejemplo de multicomposición en bloques es “El reloj del tiempo”, un tema importante para mí, forjado a partir de tres partes bien diferenciadas, pero en opinión del autor, nunca mejor complementadas si esto se hubiera buscado conscientemente. Y digo un tema importante porque configura un flashback, una recopilación de emociones y sensaciones, por aquello que cuando una nueva vida se asoma uno comienza a rebobinar la suya para establecer un nuevo punto de partida. Es uno de los temas más especiales para mí. Bueno, pueden comprender que para especial, especial, naturalmente -qué casualidad- los dos números cuatro de cada parte, “Paula” y “Carolina”, temas a parte y fuera de calificación, porque son y serán para siempre los más importantes en todo mi repertorio musical.

En fin, podría diseccionar todos y cada uno de ellos, porque cada tema tiene su pequeña historia, pero salvando la mención anterior, todos son hijos tan distintos como igualmente queridos, por eso nunca me atrevería a compararlos.